La Chaya no es solo una fiesta popular ni un evento del calendario cultural de La Rioja. Es una de las expresiones más profundas de la identidad riojana, un ritual que hunde sus raíces en las culturas originarias y que sigue vivo en cada carnaval.
Su origen se remonta a los pueblos diaguitas, que habitaban la región antes de la conquista española. Estas comunidades celebraban los ciclos de la naturaleza y rendían homenaje a la Pachamama como forma de agradecer la fertilidad de la tierra y pedir abundancia. Con el paso del tiempo, estas prácticas se fusionaron con tradiciones criollas y elementos del calendario cristiano, dando lugar a una celebración única y profundamente simbólica.
La palabra “Chaya” proviene del quechua chayar, que significa “mojar” o “rociar”. De allí nace el gesto central de la fiesta: chayar con agua, harina y albahaca, símbolos de bendición, purificación y buenos augurios. Este ritual, que se repite año tras año, conserva un fuerte sentido comunitario.
Según el historiador riojano, Victor Robledo, «El carnaval y la chaya son cosas distintas, por un lado la fiesta del carnaval es una celebración española y tiene un significado desde el catolicismo mientras que la chaya es una tradición completamente originaria que fue creada por los diaguitas para festejar y agradecer a los dioses por la cosecha que iniciaban.»
“La chaya es una fiesta agraria que festejaban los pueblos originarios, antes de la llegada de los españoles, dicha fiesta la hacían los diaguitas que estaban ubicados en el sur de Salta hasta el norte de San Juan” , precisó como así también detalló que el origen del festejo “Era una ofrenda a los dioses de la fertilidad por lo que se cosechaba (maíz, poroto y zapallo)”.
“Los pueblos originarios celebraran la cosecha, sea buena o malo, siempre agradecían a la madre tierra y los dioses de la fertilidad lo que se obtuvo”, contó el historiador.
Si bien la tradición milenaria se fue transmitiendo de generación en generación, Robledo sostuvo que hubo elementos que se fueron añadiendo a la celebración como la utilización de la albahaca y de instrumentos como la caja que actualmente son característicos.
En la Chaya no hay público: todos participan. En barrios, patios y cerros, la música, las coplas y el encuentro colectivo rompen las rutinas cotidianas y fortalecen los lazos sociales. Es un tiempo donde se comparte, se canta y se celebra la vida en comunidad.
Para el pueblo riojano, la Chaya es identidad, memoria y pertenencia. Es una tradición que se transmite de generación en generación y que reafirma el orgullo por las raíces culturales. En cada puñado de harina y en cada copla improvisada, La Rioja vuelve a contar su historia y a celebrar lo que es.
